Las ilusiones perdidas – XXXI

Finot se sintió encantado de proporcionar a su mejor redactor un pase de favor para la Ópera, donde Lucien perdió muchas noches, pero pertenecía a partir de entonces al mundo especial de los elegantes de aquella época.

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Las ilusiones perdidas – XXX

Mademoiselle des Touches testimonió su admiración con esa cándida jovialidad y ese bonito entusiasmo de amistad superficial que engaña a todos los que no conocen a fondo la vida parisiense, en la que la costumbre y la abundancia de placeres vuelve a uno tan ávido de novedades.

Las ilusiones perdidas – XXIX

   Lucien reconoció en el palacete del diplomático toda la diferencia que existe entre el gran mundo y el mundo bohemio en el que vivía desde hacía algún tiempo. No había comparación, ningún punto de contacto entre el fasto de uno y del otro. La altura y disposición de las estancias en esa casa, una de las más suntuosas del faubourg Saint-Germain, los dorados antiguos de los salones, la magnificencia de la decoración, la sobria riqueza de los adornos, todo era extraño y nuevo para él, pero se había acostumbrado ya rápidamente al lujo, y por ello no pareció sorprendido. No había en su actitud nada de fatua seguridad o complaciente servilismo. El poeta causó buena impresión y gustó a quienes no tenían motivo alguno para serle hostiles, como era el caso de los jóvenes envidiosos de su repentina entrada en el gran mundo, de sus éxitos y de su belleza.

Las ilusiones perdidas – XXVII

   En aquel momento, todos comenzaron a explicar su manera de ser a quien tenían al lado. Cuando las personas inteligentes llegan al punto de tratar de explicar cómo son, desvelar la clave de su corazón, no cabe duda de que el vino se les ha subido a la cabeza. Una hora más tarde, todos los invitados eran los mejores amigos del mundo y se trataban de grandes hombres, de hombres poderosos, de personas destinadas a un gran futuro. Lucien, que, en su calidad de anfitrión, conservaba aún cierta lucidez, oyó sofismas que le impresionaron y completaron la obra de su relajación moral.