Lolita – I

O una colina lejana que se alzaba altiva -llena de cicatrices, pero todavía indómita- por encima de la marea de cultivos que trataba de conquistarla.
Por la noche, altos camiones con luces de colores, que recordaban temibles y gigantescos árboles de Navidad, surgían de la negrura y pasaban como un trueno junto al pequeño y anticuado sedán. Y, al día siguiente, de nuevo un cielo apenas poblado, que cedía su azul al calor, de diluía sobre nuestras cabezas…

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