Un sombrero cargado de nieve – IV

La emoción de lo desconocido, de aventurarse en lo desconocido, de escuchar las historias de esa aventura, que es la aventura de enfrentarse a algo más grande que uno, a algo imposible de conocer del todo, no tenían cabida en nuestro mundo. El mundo era, para empezar, un lugar perfectamente conocido. Sin lo ignoto, ¿qué aventura podía haber? Las aventuras eran empresas comerciales o, si no, meras anécdotas de un viaje a algún sitio todavía poco concurrido que se contaban a unos amigos que fingían asombro e interés.

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