Paseos nocturnos – Los despachos de apuestas

En segundo lugar, porque aunque resulte edificante en alto grado el que los ilustres diputados, los muy ilustres diputados, los ilustres y doctos diputados y todo lo que ustedes quieran, peroren desde sus escaños sobre lo justo, lo injusto, lo verdadero y lo falso (siempre entre las gentes del pueblo), nosotros tenemos la audacia de no admirar lo que en el actual Parlamento es costumbre decir y hacer sobre tales cuestiones; porque creemos que si lo que se dice y hace no es equitativo hasta la escrupulosidad, el Parlamento no puede investirse a sí mismo de gran autoridad moral.

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