Paseos nocturnos – En una ronda de aficionados

Después de eso, cuando llegué al Old Bailey y alcé la vista en dirección a Newgate, me pareció que la cárcel era una cosa sin lógica. Aquel día me pareció descubrir en la atmósfera una desdichada falta de lógica; a pesar de que las proporciones de la catedral de Saint Paul son muy hermosas, mis ojos las veían como algo fuera de proporción: aquella cruz se me antojó demasiado alta, y pensé que, enhiesta sobre la bola de oro que tenía debajo, resultaba demasiado lejana.

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