ECLECTICISMO POLÍTICO : POR QUÉ SOY CONSERVADOR-LIBERAL-SOCIALISTA

Conservador en un sentido ciertamente cultural, de diversidad identitaria. Un conservadurismo dirigido contra la homogeneización cultural provocada por la globalización. Y no centrado en mi caso, España, sino como una conciencia global de conservación de identidades reflejadas en tradiciones y costumbres. Ejemplo claro de esta voluntad conservadora es el mantenimiento y conservación de los cascos urbanos, no solo en el aspecto arquitectónico sino también en el comercial y social, de identidad local. Hoy en día los centros de las grandes ciudades de países desarrollados son prácticamente indistinguibles entre sí, todos copados por las mismas franquicias y cadenas. Otro ejemplo sería la oposición a la inundación de productos chinos que se está produciendo en los mercados africanos, sustituyendo a los locales. Esto ya ha sucedido en Occidente, pero en entornos sociales, económicos y políticos mucho más asentados y, por tanto, resistentes. En África puede provocar un desastre. Este proteccionismo cultural, por llamarlo de alguna manera, debe contar como una de sus herramientas principales con un cierto proteccionismo comercial, lo cual es lógico ya que es la economía la punta de lanza y el dinamizador principal de la globalización. Un ejemplo cercano serían los alquileres de renta antigua, que en España han permitido durante muchos años la supervivencia de comercios tradicionales en los centros urbanos. La extinción de esta modalidad de alquiler abocó a una gran parte de estos comercios al cierre, ya que no podía asumir los nuevos alquileres a precio de mercado. Este pequeño proteccionismo comercial, que horrorizará a nuestra alma liberal, puede ser perjudicial en términos netamente económicos, hay que admitirlo, pero es un precio a pagar gustosamente en aras de preservar esa gran riqueza que supone la enorme diversidad cultural humana. La productividad y la eficiencia, aun siendo capitales en cualquier sistema económico, no deben desplazar a cualquier otra consideración y convertirse en los patrones de medida únicos (traducidos en tiempo y dinero) de nuestras sociedades. Esto supondría ser regidos por un racionalismo frío y exclusivamente lógico-formal, casi de máquina, que prescindiría de los incontables intangibles presentes en la existencia humana. Por otro lado, y en un plano más general, conservador en tanto que actitud prudente, realista y posibilista, en no dejarnos cegar por el ideal. En este sentido, dos asunciones:

  • El Mal existe en los seres humanos. rechazo, por no estar ajustada a la realidad, de la creencia de que todas sus manifestaciones son efecto de estructuras sociales injustas y disfuncionales. Es parte de nuestra naturaleza. Aceptarlo es el primer paso para combatirlo
  • No existe la sociedad, no existen los individuos. Son abstracciones, conceptos muy útiles para el estudio y la reflexión, pero que en el mundo real, de carne y hueso, no se dan. Lo que existen son las personas, con sus historias, motivaciones, relaciones familiares y sociales; sus intereses, sus fobias y sus acciones. Usando una analogía matemática, el individuo es el límite conceptual de la persona tendiendo a cero. La sociedad, en dirección opuesta, es su límite en el infinito. El mito liberal del individuo frente al grupo es eso, un mito. Ídem para el mito socialista de la sociedad como fuerza viva, como cuerpo con voluntad individual. Una persona despojada de sus relaciones, analizada ‘in vitro’ puede entrar en la categorización de individuo. Al igual que ampliar el foco y considerar un conjunto de individuos como un todo compacto, donde la suma de las acciones e intereses particulares da lugar a una voluntad emergente grupal nos permite trabajar con la idea de sociedad. Esto no debe llevar a error : la idea existe, es útil y necesaria, pero es eso, una idea. Un concepto que nos permite trabajar con él. Pero no es un sujeto real. Olvidarlo supondría anteponer lo ideal a lo real con el nefasto resultado que siempre produce.

Liberal porque considero que una sociedad donde la iniciativa individual no tiene espacio no merece la pena y antes debería llamarse hormiguero que comunidad humana. Creo que las medidas dedicadas a “proteger” obligatoriamente la integridad física de las personas, en aquellos casos que no afecten a la de los demás, son una intromisión injustificable. Hablo de casos como llevar el cinturón en los coches o vacunarse de enfermedades no contagiosas. O la obligatoriedad de llevar el casco en las motos. Pueden ser medidas eficaces en tanto que cumplen con los objetivos marcados, en este caso, salvar vidas. Sin embargo, los medios no son los ideales a mi parecer. Véase que no estamos exentos de contradicciones, en este caso con nuestra alma conservadora. Me refiero, por tanto, a rebajar la capacidad legislativa de nuestros poderes públicos, a acotar aquellos ámbitos en los que el poder político tiene capacidad de regular y en los que no. Por ejemplo, legalizando las drogas y la prostitución, esto último a imagen de casos como el alemán, poniendo especial énfasis en acabar con “el mercado negro”. En este caso concreto, redoblar la presión contra los narcotraficantes y las mafias de trata de blancas. Se trata de pasar a ser una sociedad adulta y más libre, en las que la mejora y el progreso de la comunidad se produzcan a tenor del convencimiento y la concienciación. Una transición que pase, en términos generales, de un modelo de restricciones y excesiva regulación punitiva con lo que consideramos negativo a uno basado en incentivos públicos a lo que consideramos positivo. En este sentido, me declaro absolutista de la libertad de expresión. Una de las derivadas de esta postura es la frontal oposición a la ilegalización de partidos políticos por sus ideas. Un ejemplo a seguir sería, pues, el caso estadounidense donde es legal incluso el Partido Nazi. Por muy deplorables que sean las ideas que defienda la respuesta de una sociedad madura y responsable es la marginación o la confrontación en el mismo plano, dentro del terreno de juego, no la exclusión del mismo. Además, así se evitan la épica de la persecución y el excepcionalismo. Caso aparte constituyen, por supuesto, aquellas organizaciones relacionadas con actos violentos, por poner el ejemplo más representativo. En este caso estaríamos hablando de ilegalización por actos, no por ideas.

Socialista porque una sociedad donde el valor supremo sea el respeto a los contratos mercantiles es una sociedad muerta. Siendo el mercado, en términos generales, la forma más eficiente de distribuir los recursos, no supone ningún trauma asumir que hay enormes parcelas en las que la ‘mano invisible’ no alcanza. En este sentido, Estado y Mercado no son dos enemigos antagónicos, sino dos instrumentos complementarios, dos medios necesarios para conseguir un fin común. El Estado no solo debe limitarse a regular sino que debe ser agente activo en aquellos supuestos en los que sea más eficiente que el mercado. Esto es, desde una perspectiva pragmática y realista alejada de dogmas ideológicos, realizar una ponderación coste-beneficio de qué instrumento es más útil en cada caso. Aquí una magnífica síntesis de aquellos propósitos razón de ser del Estado. En ella, Roger Senserrich establece los 4 objetivos básicos de una política de izquierdas, los cuales comparto:

  1. Proteger contra el infortunio
  2. Igualdad de oportunidades
  3. Proteger bienes públicos
  4. Combatir los privilegios

No obstante, pienso que el ejercicio de poder necesario para lograr estos objetivos debe realizarse bajo unos parámetros de actuación generales que entroncan con nuestra alma liberal. Estos principios podrían englobarse en dos ideas básicas:

  • Siempre que sea posible, las políticas públicas deben ir encaminadas a promover aquello que nos ayude a lograr los objetivos previamente descritos, no a prohibir lo que se le oponga. Legislar es enormemente difícil y las imposiciones, por mucho que se quieran pormenorizar, no dejan de ser medidas generales que no pueden dar respuesta a todas las situaciones posibles. Para ilustrarlo, podemos utilizar como ejemplo la brecha salarial de género : que 2 personas que realicen el mismo trabajo cobren igual no admite discusión. Esto sí debe ser una imposición. Sin embargo, que la media de los salarios de las empleados de cada sexo sea prácticamente igual es deseable por el hecho de que indica que la distribución del trabajo es simétrica, pero no debe ser impuesto. Esta distribución es la idónea ya que evidencia que no hay discriminación de género en el reparto de empleos. Un ejemplo vigente de esta discriminación sería la preponderancia masculina en la dirección y la femenina en los servicios de limpieza. Así pues, creemos que esta segunda brecha salarial debe ser abordada con incentivos, por ejemplo fiscales, a las empresas que no discriminen. Otra medida posible sería la imposibilidad de contratar con la Administración de aquellas empresas que no cumplan unos determinados estándares. Son medidas que empujan pero no obligan ni sitúan fuera de la ley al que no cumple estos requisitos.
  • El ejercicio del poder debe autosocavarse. Esta idea es capital. Ejercer el poder debe tener como consecuencia que la necesidad de volver a ejercerlo en la misma dirección sea menos probable. Esto es, debe retroalimentarse negativamente. Queremos avanzar hacia una sociedad responsable y próspera donde la necesidad reguladora sea cada vez menor. Por tanto, cuando sea preciso que el Estado intervenga éste debe hacerlo de una forma que, a su retiro, la situación haya quedado arreglada de tal manera que no sea precisa una nueva actuación. Pero cuidado, no debemos caer en la creencia de que a la humanidad le espera un final feliz y de que existe un determinismo histórico que nos impele a avanzar únicamente en la senda del progreso. Como nos avisa nuestra parte conservadora, el Mal es inseparable de nuestra naturaleza y por mucho que perfeccionemos nuestras sociedades no desaparecerá. Por ello, los logros que se vayan consiguiendo requieren un esfuerzo constante de mantenimiento y ampliación. La visión de que hay una sociedad ideal, perfecta, a la vuelta de la esquina-sea cual sea la forma de esta utopía, comunista o liberal, religiosa o laica- es errónea y siempre tiene consecuencias fatales.