Boca abierta

La narración, la historia, la descripción, el SÍMBOLO, matan a lo prosaico. Lo prosaico es la cualidad definitoria de la realidad, por eso es tan hermosa la palabra increíble. Son esos momentos en los que experimentamos algo más, algo que estira los tejidos de la realidad, de lo posible, de lo banal que no vulgar. Cuando lo tangible, lo vivido se vuelve indescriptible. El lenguaje es demasiado limitado. Los momentos realmente valiosos son aquellos en los que la descripción no hace justicia a la realidad, porque no puede, porque es limitada. Son momentos únicos y preciosisímos. La bruma de lo contado es una gran lima difuminadora que engrandece a lo prosaico, le da un sentido, un orden, una impronta que no tiene por qué poseer. En definitiva, crea una profundidad, se produce un trasvase de literatura hasta en la más aséptica descripción. Esta misma bruma, sin embargo, dependiendo de la calidad del narrador, claro, empequeñecerá en mayor o menor medida esos momentos para los que no hay palabras. Rebajará la categoría de esa profundidad, que se siente, de esa impresión, al plasmarla en palabras. Boca abierta.

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