Tiempo, dinero, vida!

El dinero, superadas necesidades básicas universales, esencialmente sirve para comprar tiempo. Por ejemplo, algunos servicios podemos pagarlos con dinero o consumiendo publicidad (= tiempo). Otras veces, muchas, facilita las cosas. Hace necesario menos esfuerzo(= tiempo). En algunos casos, incluso, no lo libera, sino que lo crea, cuando da la vida. Invertimos mucho tiempo de nuestra vida en conseguir dinero. Esta inversión no debería tener como resultado la mera subsistencia, sino que debería ofrecer la posibilidad de desarrollar un proyecto vital libre. No comprar día a día. No vivir con el agua al cuello.

Por otro lado, superado cierto umbral, se comprueba que ya no puede comprarse más tiempo. Aquí se plantean varias preguntas : ¿sabemos qué hacer con este tiempo, al fin y al cabo, libertad? Parece que en muchos casos no, aparecen la extravagancia como fin, futil, el despilfarro y la frivolidad. ¿Es justo este desigual reparto? Resulta obvio que las diferencias se van acortando: hay menos entre 1000 y 100 millones que entre 100 y 1, y no digamos entre 1 y ninguno. Así pues, parece que cumplido su cometido de comprar tiempo, libertad, y en segunda instancia calidad para ese tiempo, comodidad, disfrute, etc la acumulación de capital de un individuo se vuelve absurda e inútil. Dinero este, sin embargo, que podría tener un efecto espectacular en la vida de muchas personas. Esta es la paradoja de nuestro sistema. Expresada matemáticamente : la curva cantidad de dinero disponible /capacidad de hacer dinero crece lentamente hasta llegar a un punto en el que se dispara (“el millón de dolares más difícil de ganar es el primero “), mientras que el influjo de la cantidad de dinero disponible en la calidad de vida y en la libertad de una persona crece exponencialmente hasta llegar a un punto en que se vuelve prácticamente constante. Paradoja injusta, pero, ¿cómo solucionarla? ¿Cómo hacer que el millon más facil de ganar sea el primero? Seguirá habiendo diferencias, es obvio, pero no al nivel hacia el que nos encaminamos y en el que se ha desarrollado la Historia.

Boca abierta

La narración, la historia, la descripción, el SÍMBOLO, matan a lo prosaico. Lo prosaico es la cualidad definitoria de la realidad, por eso es tan hermosa la palabra increíble. Son esos momentos en los que experimentamos algo más, algo que estira los tejidos de la realidad, de lo posible, de lo banal que no vulgar. Cuando lo tangible, lo vivido se vuelve indescriptible. El lenguaje es demasiado limitado. Los momentos realmente valiosos son aquellos en los que la descripción no hace justicia a la realidad, porque no puede, porque es limitada. Son momentos únicos y preciosisímos. La bruma de lo contado es una gran lima difuminadora que engrandece a lo prosaico, le da un sentido, un orden, una impronta que no tiene por qué poseer. En definitiva, crea una profundidad, se produce un trasvase de literatura hasta en la más aséptica descripción. Esta misma bruma, sin embargo, dependiendo de la calidad del narrador, claro, empequeñecerá en mayor o menor medida esos momentos para los que no hay palabras. Rebajará la categoría de esa profundidad, que se siente, de esa impresión, al plasmarla en palabras. Boca abierta.

Muros

 

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Primera entrada. Quiero empezar recuperando esto que escribí el 31/07/2015 :

“Es increíble la indiferencia de los de “dentro del muro” hacia todo lo que sucede fuera. Indiferencia casi únicamente rota si pasa algo en lo que esté implicado uno de los nuestros, como es el caso del león. ¿Se hubiera montado este circo si el cazador no fuera occidental? Probablemente esta noticia no hubiera tenido ni un ápice de la repercusión que está alcanzando. A esto se le añade, claro, que el león en cuestión era guapo y famoso. 

Me parece francamente positivo que se genere una movilización en contra de la caza furtiva y a favor de la conservación de las especies amenazadas. Sin embargo, veo muy triste que solo este tipo de noticias consigan algo así. Algo que no consiguen Irak, Siria, Yemen, Somalia, Mali, República Centroafricana, Sudán del Sur, Congo y tantos otros conflictos olvidados. ¿Es que los cazadores de hombres no hieren conciencias? Solo he visto movilización similar en el caso de Gaza. ¿Por qué? Sinceramente creo que se debe a que Israel es uno de los de dentro, del primer mundo y, por tanto, se le exige en consecuencia. Cuando comete barbaridades no se ignoran porque se han cometido en nuestro mundo, el privilegiado. El confortable. El infantil al que parece que solo conmueven este tipo de sucesos dulcemente tristes pero que digiere perfectamente las cifras de muertos causados por la epidemia, guerra o hambruna de turno. Cuando estas desgracias suceden extramuros, son norma, y no ocupan más que unos instantes en el telediario. Después, a otra cosa.

Existe un claro paralelismo entre este caso y el del perro de la enfermera española contagiada por ébola. Me gustaría saber qué proporción del tiempo informativo dedicado al ébola se empleó en los repatriados. ¿Se habló más de la mascota o de, por ejemplo, el increíble y abnegado trabajo que está desarrollando Médicos Sin Fronteras en estos países?

Sería genial que se aprovechara esta inercia para, como mínimo, denunciar la situación en Zimbabue. Un país que lleva con un tirano como Mugabe al frente desde 1980. Uno de los países más pobres del mundo. Aquí un perfil del dictador.”